A un año de su puesta en marcha, el Centro de Capacitación de Chuquicamata comienza a mostrar resultados concretos: más de 4 mil trabajadoras y trabajadores han pasado por sus aulas, reafirmando un cambio cultural donde la seguridad se convierte en convicción.
El recinto, que por décadas albergó al emblemático colegio Chuquicamata, hoy vive una nueva etapa. Ya no forma estudiantes escolares, sino especialistas mineros que refuerzan sus conocimientos técnicos y profesionales, con foco en la prevención de riesgos de fatalidad. Se trata de una transformación profunda y que marca una diferencia en la industria, donde el aprendizaje ya no es una etapa, sino un proceso continuo que acompaña cada jornada laboral.
“Esto marca una diferencia, porque permite que nuestra división mantenga a sus trabajadores(as) plenamente capacitados en temas de seguridad, de tal manera que ellos puedan desarrollar sus actividades adecuadamente, y siempre teniendo presente que la seguridad está en primer lugar”, expresó Daniel Quinzacara, encargado del Centro de Capacitación de Chuquicamata.
El objetivo es internalizar la seguridad como un concepto inherente a cada tarea realizada al interior de las faenas. No basta con cumplir normas, se busca que cada decisión operativa esté guiada por una conciencia activa del riesgo y el autocuidado.
“Es algo que nos beneficia a todos, ya que la seguridad es lo más importante porque todos necesitamos volver a nuestras casas. Volver a capacitarnos y reforzar nuestros conocimientos es muy importante para poder ejecutar correctamente nuestras labores”, argumentó Ignacio Vargas, rigger mecánico, gerencia Aguas y Relaves.
Del mismo modo, la ingeniera de operaciones en Planta de Ácido de gerencia Fundición, Carla Santander, destacó el espíritu de mejorar constantemente mediante la capacitación. “Encuentro que estas son instancias buenísimas para reforzar distintos riesgos de fatalidades a los cuales estamos expuestos en las distintas áreas en las que trabajamos. Adquirimos conocimientos que están medios olvidados y es buenos volver a reforzarlos y obviamente poder aplicarlos en cada una de nuestras áreas”, dijo.
Pero el alcance del centro va más allá de la operación interna. A través de un convenio con Aramark, también abre sus puertas a la comunidad, capacitando a personas en labores de servicios. Una señal de integración territorial que amplía oportunidades y fortalece el vínculo entre la minería y su entorno.
“En mi caso, como mamá, me abre oportunidades como para poder desarrollar mis habilidades. Esto lo podemos compartir en casa, pero también en un futuro y poder avanzar en esta vida”, manifestó Nataly Ramos, habitante de Calama y alumna en Manipulación de alimentos. El centro imparte programas clave para la operación. Entre otros, destacan cursos como Energía Eléctrica (RF-1), y Rigger, asociado al RF-03 (izaje). En ambos casos, los participantes deben cumplir con procesos de inducción y evaluaciones de conocimiento para obtener una credencial que los habilita para desempeñar esa función dentro de la división.
